lavado de manos
En menos de un minuto, un lavado de manos eficiente puede contribuir de forma significativa a reducir el riesgo de enfermedades respiratorias, gastrointestinales y a romper el ciclo de transmisión de virus como la influenza (1).
En la primera mitad del siglo XIX, el médico Ignaz Philipp Semmelweis introdujo el lavado de manos para los médicos antes y después de atender a los pacientes en la primera clínica ginecológica de Viena, luego de dar cuenta de la existencia de una “materia cadavérica” que era transportada por las manos de médicos y estudiantes de los cadáveres a las madres que atendían en trabajo de parto (2).
Hoy en día, sabemos que lo que Semmelweis llamó “materia cadavérica” no eran otra cosa que patógenos que pasaban de las manos del personal de salud al paciente, ocasionando diversas enfermedades.
Como se ha hecho desde 2008, el 15 de octubre se conmemora el Día mundial del lavado de manos, abriendo la ocasión perfecta para promover una cultura de este sencillo hábito que además de rápido y económico, trae consigo grandes beneficios a la salud.
Por ejemplo, cuando lavamos nuestras manos luego de ir al baño o de cambiar a un bebé, eliminamos la mayor fuente de patógenos causantes de enfermedades diarreicas, ya que en solo un gramo de heces humanas puede haber cerca de 10 millones de virus y bacterias (3).
El lavado de manos con agua y jabón es también una práctica fundamental en la atención médica. A través del programa para la Seguridad del Paciente, la Organización Mundial de la Salud (OMS) lanzó en mayo de 2009 la campaña Salve vidas: límpiese las manos, a fin de incrementar la consciencia alrededor del mundo sobre la importancia de la higiene de manos para reducir las infecciones asociadas a la atención sanitaria.
Conmemora el Día mundial del lavado de manos compartiendo el hábito con tus amigos, familiares y conocidos.
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